9 de octubre de 2016

La celebración

No fue sino anoche mismo que estábamos todos celebrando una despedida repentina y dolorosa. Y no fue sino hasta esta mañana que nos pusimos todos de acuerdo para no desistir de festejar la vida que nos queda, acompañando a la más pequeña de la familia en su primer año de vida.

Irónico el destino como las personas que se dejan habitar por él. Una muerte y un cumpleaños con diferencia de un día. Llantos desconsolados por la noche, que se volvían aplausos y vitoreo de emoción y alegría (un poco impostados al principio, pero genuinos al final) con el correr de las horas.

¿Que nos queda para imaginar si la ficción siempre nos termina quedando chica? Me pregunto.

Por suerte. nos quedan la resiliencia y la entereza para hacerle frente a lo que sea. Porque en definitiva, lo que tenga que ser va a ser y no por ello hay que dejar de celebrar, las cosas buenas que planeemos para hacer más llevadera la existencia.
Que desde que inventaron la rutina, las responsabilidades y las excusas, nos vamos viendo cada vez menos y vamos creando menos y menos anécdotas para no tener que repetir mientras vayamos envejeciendo.

Al menos agradezco y no me quejo, que al menos eso que me dijeron allá por la adolescencia, cuando conocí la amistad: el abrazo en serio nunca falta. En las buenas y en las malas, siempre nos volvemos a juntar.

CS.

2 de octubre de 2016

Feliz cumpleaños

La búsqueda inconsciente de anoche por emborracharme y perder el juicio fue tremenda. Pocas veces tuve tan poco cuidado de mi mismo, sabiendo que en el camino a casa pudiera pasarme cualquier cosa o incluso allí mismo.

Algo me pasaba, mientras bailaba y tomaba y me hacía el que escuchaba las conversaciones a los gritos que tenían mis amigos con gente desonocida. Eran sensaciones de lejanía sensorial con el resto a mi alrededor. Se sentían como estampidas de ganas de tirarme en la cama a llorar. Eran abandonos mentales a la sociabilización que intentaba practicar. Eran canciones tristes que querían que me las pusiera a cantar.

Estaba ajeno, perdiéndome poco a poco en los fondos del lugar o entre la gente más ignorada o en la bebida. Miraba la hora a cada rato. Miraba la salida como alerta ante cualquier mínimo estímulo en contra de mi sensible estabilidad emocional. Miraba el vaso cada vez más vacío y me volvía a preguntar por qué estaba así.

Cuando ya no aguanté más las ganas de dejar de fingir que todo estaba bien, me fui sin siquiera avisar o saludar. Caminé tan despacio hacia la puerta como queriendo arrepentirme de mi decisión, que tardé años en cruzar toda la gente. Descarté el vaso y lo poco que quedaba en él, al suelo mismo mientras salía. Subí las escaleras hasta la calle tratando de no pensar más en lo que me estaba pasando y en controlar las ganas de llorar que habían empezado al emprender el primer escalón.

Pero no fue sino hasta estuve en la vereda y miré la hora en mi teléfono bajo el resguardo de un balcón...

Otro 2 de octubre que vuelve a llover.

CS.

31 de agosto de 2016

Joss Stone

Te batiste mil veces la cabeza buscándole respuesta, como si todavía tuvieses el pelo largo. Pero apenas si se te mete entre los dedos porque te rapaste como desquiciada y ni para dramatizar te sirve.

Te acostaste en tu cama mirando hacia la pared, como hacés siempre que te quedó algo para decirle. Y es cuando no te podés dormir, que te suben todas esas canciones de Joss Stone de tu adolescencia trepando por las piernas, para meterse en tu insomnio y hacer en tu cabeza una fiesta de autosuperación que no es tal y de autoconsuelo que no alcanza. Hacerte llorar como una princesa atrapada en la torre a la que se le cortó el wifi mágico y hacerte sentir una pelotuda que cree en todos los san valentines del mundo, recién cuando le rompen bien roto el corazón.

Cinco "holas" y cuatro "estás ahi?" que ya no te contestó más. Otra vez el cuento de la etapa que se cierra.

Dale, que ni vos te lo crees. Por favor.

CS.