27 de septiembre de 2019

Adicto


Me vuelvo más y más adicto con el paso de los días. 
Veo como mi cuerpo evidencia señales constantes de necesidad.
Me vuelvo adicto por la abstinencia. 
También en la abundancia asquerosa.
Sumerjo mi cuerpo en la lujuria de las aunsecias.
Apago las conexiones con el mundo real.
Luego vuelvo por momentos a este mundo para sentir de nuevo que quiero más.
Comienza la búsqueda desesperada.
No concibo la idea de vivir sin esas sensaciones.
Ya no lo puedo evitar.
Extraño y quiero a toda costa.
Consigo y desparramo todo en mi interior.
Ha llegado el momento de hacer lugar para que entre de nuevo.
Me inunda, me satisface, me completa.
Cuando no doy más de placer me freno y comienzo a contenerme las ganas.
Seguirlo sintiendo me va a matar.
Tan tremendo como simple de entender.
Tan ajeno y tan personal.
Lo dejo.
Recaigo.
Lo dejo de nuevo.
No puedo parar.
Necesito volver a volar.
Como si no existiera limite alguno, como si mi cuerpo no quisiera parar nunca más.
Como si no hubiera cielo que alcanzar, ni suelo que volver a pisar.
Lo dejo. 
Reincido.
No lo puedo dejar.

A veces tu amor.
A veces tu hastío.
No puedo parar.

CS.

25 de agosto de 2019

Mala sangre


¿Que paso con las veces que me abrazó y me dijo que todo estaria bien? ¿Era todo mentira?
Abrazó mis dolores más crudos y me hizo sentir que podía seguir como si nada hubiera pasado. Luego a la primera oportunidad más próspera y venida del minimísimo esfuerzo, se paró sobre cada uno de esos dolores y los pisoteó aún más. Dejándole a toda la gente que me rodea y me tiene cariño, los pedazos para armar de alguien ya ensamblado y pegado así nomás varias veces.
Le entregué el alma. De verdad que se la di para que la cuide. De verdad confié en sus palabras. En verdad sentí dar todo lo que dí.
Pero siempre hay una lección más por aprender, siempre hay un dolor nuevo que desbloqueará otro nivel de desencanto con el mundo y con la vida. Eso si (y para no perder el hilo de la metáfora) también se habilitan mejores armas para luchar contra estos nuevos demonios.

¿Que pasó con todas las veces que dijo que sería diferente? Que ya habíamos sufrido suficiente por años como para hacernos sentir más dolor. ¡Patrañas!
El egoísmo gana una vez más. 
Tres mensajes de texto diciendo "disculpame si te molestó, todo lo que hice y lo que dije" de absoluto compromiso. Ni una sola reflexión. Ni un solo mea culpa. Ni un solo destello de empatía por el (hasta entonces) amor de su vida.
Nada vale la pena ya, nada compensa la desidia. Ni siquiera hacerse cargo de las malas decisiones y los fracasos compartidos.
Ahora ya no importa más. Me volveré a valer por mi mismo.

"band-aids don't fix bullet holes".
Bad Blood - Taylor Swift.

CS.

23 de junio de 2019

Me duele mi corazón

Una vez me animé a decirlo en voz alta. Me acuerdo que llorando le decía a mi madre que no podía creer que la gente fuera tan mala. Me habían desilusionado tan fuerte. Ahora que trato de recordar que había sido puntualmente no logro acordarme, como si memoria hubiese encapsulado ese dolor en el olvido. Pero si me acuerdo de esa sensación tan agobiante. Ese calor en el pecho que oprimía cualquier intento de consuelo. Me acuerdo que lloré como un niño y no paraba de decirlo: “me duele mi corazón, mamá” y ella tan solo apretaba su abrazo contra mi cabeza y se inclinaba un poco más sobre mi, como protegiéndome.
Que tremendo. Ahora ni siquiera recuerdo que me habían hecho, aunque vaya que recuerdo ese momento.

¿Por qué me detengo entonces ahora, después de como seis años de esa sensación tan horrible, luego esa desilusión tan fuerte? Porque me di cuenta que vivo con miedo.
Vivo con miedo a que me pase algo similar. Algo tan tremendo que me arrase los sentimientos de tal forma que no pare de llorar. Algo que me inunde de tal forma el pecho que no pueda respirar.
Tan solo pensar que pueda sucederme nuevamente me aterra.

Mis mejores amigas ya no sirven para consolarme, familia no tengo. Nadie de los que me he enamorado se acercó siquiera a que pueda expresarles esto que siento. A terapia solo voy a quejarme de un montón de otras cosas. Nunca logro decírselo a nadie.
Es estresante, vivir al pendiente de cada reacción ajena. No confiar en nadie.
Calcular a puro instinto como actuarán las personas conmigo. Midiendo lo que hago, lo que pregunto, lo que respondo, lo que digo. No quiero que nadie tenga armas suficientes para dañarme, no dejando siquiera que me conozcan por completo. Soy falso. Me importa muy poco lo que los demás sientan por mi o conmigo.
No amo de verdad a mas nadie.

Y cada vez que me quedo solo, en la oscuridad de la noche, en la solemnidad de la soledad, me acuerdo de ese momento. De ese abrazo sin límites, de esas palabras sin voz, de ese llanto compartido  pero alentador. Ya no existe nada de eso y esa indefensión interna todo el tiempo, me hace sentir desnudo.

Tengo todas las armas del mundo para hacer lo que quiera, pero ningún escudo.

CS.

Pd: te extraño.